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9月18日 Algo sobre la amabilidad...Ahora resulta que hay que ser fea, voraz, tener el ceño fruncido, la saliva seca, los dientes mal alineados, quizá tener verrugas en el cuello y siempre mantener una mueca de que algo huele mal para que las mujeres no piensen que eres un peligro y los hombres no piensen que les coqueteas. ¡Vaya por Dios! Y no es que esté enojada con el mundo o siempre esté “refunfuñando” pero en realidad a la gente nada le parece. Que si eres sonriente entonces andas de seductora, que si abrazas a las personas que quieres entonces con cada amigo que te topas andas coqueteando, si te rodeas de buenas amigas definitivamente es porque algo anda mal en tus preferencias sexuales, o si por alguna extraña razón eres feliz y es lo único que tienes para dar, entonces, sin lugar a dudas, es un arma letal para todos los conservadores y conservadoras que ven un halo de morbo en las muestras de afecto. Ahora sí que renuncio a pensar que puedo tener nuevos amigos, pareciera que ser mujer, ser amable y no estar casada es sinónimo de andar buscando novio o marido. Anuncio, formalmente, que estoy harta de los prejuicios y las caretas sociales que cada cual elije a su conveniencia para cumplir con lo que los demás piensan, me quedo con aquellas y aquellos con quienes ya no tengo que explicarme, decirles quién soy y cómo soy, pero sobre todo no tener que justificar mis sonrisas, mis cuidados, mis buenos deseos por temor a que mal interpreten. Ojalá y, de verdad lo deseo, un día la cordialidad sea lo normal y no una actitud sospechosa y mal vista.
9月8日 Y fueY estábamos esperando la noche, Y la noche entró dándonos la espalda Y el tiempo se empotró en nuestro pasado Y la aguja dibujó su zigzag en nuestros labios.
Como sacos de sal, nuestros días, nuestros inesperados incendios de amor permanecían y se fijaban como la verdad más desasosegada.
Si acaso el presentimiento de un olor a durazno nos asaltaba, las yemas rocosas se encarnaban, ahí, en los ganglios del miedo,
en la aterradora amenaza, en la persecución inalámbrica, en el por siempre, infeliz, tú y yo.
La música que silenciabas, canto que tus aullidos devoraba escamparon y otra vez: por siempre, infeliz, tú.
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