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September 09 Las masturbaciones literariasA lo largo de los años he pensado ¿para qué sirve la literatura?, y no sólo la literatura es asunto de mis cavilaciones, también lo es la escritura –tema totalmente diferente-, ¿quién lee a los escritores de café, a los bohemios, a los académicos, a los pedantes, a los pobrecitos, a los que toman la pluma y empinan el culo? ¿Quién?, ¿quién los lee? Sin duda alguna, hay grupos, mafias, sectores, colegas, amigos, grupúsculos, cortes (al más puro estilo Colonial); la constante en estos grupos es escucharse, alabarse, recomendarse, aplaudirse, citarse, consagrarse, premiarse, hasta recitarse -y en casos ya muy drásticos, creerse los unos a los otros-. He visto desde lejos y desde cerca, personas que a través de la pluma salvan sus vidas, convalidan su existencia y sin darse cuenta se vuelven inmortales (benditos sean esos seres), pero por el otro lado, veo “entes culturales” que mastican, degluten, vomitan frases gástricas y se autonombran creadores –obsérvese, que no escritores- y de pronto con las encías ensangrentadas y la tinta de sus tentáculos hinchadas se proclaman los mecías de la literatura, del arte, de la contracultura. ¿Cervantes necesitó de ello? ¿Lorca al sentirse asesinado por el cielo, habrá pensado en que sus amigos le iban a aplaudir?, ¿acaso cuando a Neruda le sucedió que se cansó de ser hombre, elucubró mentalmente su nombre en lo alto de las marquesinas? No, seguramente vivieron, escribieron, murieron, la humanidad los leyó y renacieron. Mortales nunca fueron. En un ejercicio de humildad intenté enterarme de los novelistas, ensayistas y cuentistas de mi generación, de mi ciudad, de mi entorno y me encontré con que la vida es corta y los clásicos siempre serán clásicos y es mejor ocuparse de ellos ahora que después… todo esto para decir, que no hay nada como leer placenteramente a Baudelaire, Kafka, Joyce y Rulfo, y no puedo negar que también me causa placer dar click y leer ávidamente los blogs de (ustedes, ya saben quienes). En fin, digan no a la autocomplacencia, habrá que vivir a las letras desde un lugar más digno.
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