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Princesa quimérica

él le respondió: sólo ha bailado usted con un cadáver
September 09

Las masturbaciones literarias

A lo largo de los años he pensado ¿para qué sirve la literatura?, y no sólo la literatura es asunto de mis cavilaciones, también lo es la escritura –tema totalmente diferente-, ¿quién lee a los escritores de café, a los bohemios, a los académicos, a los pedantes, a los pobrecitos, a los que toman la pluma y empinan el culo? ¿Quién?, ¿quién los lee?

Sin duda alguna, hay grupos, mafias, sectores, colegas, amigos, grupúsculos, cortes (al más puro estilo Colonial); la constante en estos grupos es escucharse, alabarse, recomendarse, aplaudirse, citarse, consagrarse, premiarse, hasta recitarse -y en casos ya muy drásticos, creerse los unos a los otros-.

He visto desde lejos y desde cerca, personas que a través de la pluma salvan sus vidas, convalidan su existencia y sin darse cuenta se vuelven inmortales (benditos sean esos seres), pero por el otro lado, veo “entes culturales” que mastican, degluten, vomitan frases gástricas y se autonombran creadores –obsérvese, que no escritores- y de pronto con las encías ensangrentadas y la tinta de sus tentáculos hinchadas se proclaman los mecías de la literatura, del arte, de la contracultura. ¿Cervantes necesitó de ello? ¿Lorca al sentirse asesinado por el cielo, habrá pensado en que sus amigos le iban a aplaudir?, ¿acaso cuando a Neruda le sucedió que se cansó de ser hombre, elucubró mentalmente su nombre en lo alto de las marquesinas?  No, seguramente vivieron, escribieron, murieron, la humanidad los leyó y renacieron. Mortales nunca fueron.

En un ejercicio de humildad intenté enterarme de los novelistas, ensayistas y cuentistas de mi generación, de mi ciudad, de mi entorno y me encontré con que la vida es corta y los clásicos siempre serán clásicos y es mejor ocuparse de ellos ahora que después… todo esto para decir, que no hay nada como leer placenteramente a Baudelaire, Kafka, Joyce y Rulfo, y no puedo negar que también me causa placer dar click y leer ávidamente los blogs de (ustedes, ya saben quienes). En fin, digan no a la autocomplacencia, habrá que vivir a las letras desde un lugar más digno.

 

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August 16

Una vez más don Girondo

LLORAR A LÁGRIMA VIVA...

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma, la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando.
Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría.
Llorar de frac, de flato, de flacura.
Llorar improvisando, de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

August 03

Como si su novia no fuera la española más fea... (bueno aparte de otra que yo conozco)

Leí en el libro de Pep Blay que Bunbury dijo cuando estaba con Héroes del Silencio que:  LAS MEXICANAS SON FEAS MENOS LAS QUE SALEN EN TELEVISIÓN Y LAS LINDAS SON  LAS ARGENTINAS.
 
Conclusión: ha perdido a una gran fan.
 
Descanse en paz.
 
 
June 07

Calamaro y yo

Sin duda alguna, esta canción la hizo mi amado Calamaro pensando en mí jajaja. Gracias (tú ya sabes quién) por dedicarla.
 
 
 
soy el soldado de tu lado malvado
sólo estoy sólo y estoy buscando
es a alguien que me está esperando
que me entienda y si no me entiende
alguien que me comprende
alguien a alguien para recordar
de memoria cuando estoy de viaje
cuando estoy muy lejos y
soy un vagabundo y camino bastante
alrededor del mundo
pero quiero volver a mi casa
a alguna casa
para encontrar a esa princesa vampira
que respira
que respira y me mira
June 05

Crónica de un amor anunciado

 
Amada en el amado transformada...
San Juan de la Cruz

 

 

 

Saberte mío y deslizar mis labios

Acariciar tus ojos, mirar tu piel

Negarnos y en la hiel vivirnos

Tacto y sed, tú y yo

Asirnos y arañarnos

Cortarnos y bebernos

Rugir, despertar volver a estar

Una pared, mi vientre, tu ser

Zzzz… dormir

 

 

A Santacruz, por el viaje compartido.
 

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May 29

Aún queda un cigarro mojado...

Los aviones

 

Homenaje a Calamaro

 

Toqué tres veces tal y como me lo pidió. Desde el tercer piso se asomó y me dijo que entrara, abrí la reja de la entrada y subí la escalera. Su departamento olía a cigarro, y me recordaba el aroma de la casa de Doña Marta, una vecina de mi infancia. Me observó tiernamente y me dio un beso en la frente. Sus labios eran delicados y suaves, nada como sus brazos para sentirme en paz.

¿Y ahora qué? pregunté, ahora nada escuincla me respondió. Se acercó al librero y sacó un libro, estudiadamente eligió una página y leyó en voz alta:

 

“Lolita se tendió sobre mí. La tomé por la fina muñeca. La revista escapó al suelo como un gallo asustado. Lolita se retorció, se liberó de mi presa, se echó hacia atrás y se apoyó en el ángulo derecho del sofá. Luego, como el que no quiere la cosa, la impúdica niña extendió sus piernas sobre mi regazo.

Para entonces yo estaba en un estado de excitación que lindaba con la locura; pero, al propio tiempo, tenía la astucia de un loco.”

 

¡Qué puerco!, murmuré. Entonces no entiendes nada del alma humana me respondió. No sabía nada del alma humana en aquél entonces y poco me importaba entenderla. Ahí, durante esas tardes en su casa, nada era más importante que su mirada, sus palabras y mis palabras. Me tomó de la mano y me levantó suavemente del sillón, sin decir nada estábamos en medio de su sala bailando, la canción salía de las bocinas como un remanso de calma. Nos mirábamos, enamorados y frágiles, enredados en nuestros olores y moviéndonos lentamente. Su mano recorría mi espalda y yo sólo quería sentirlo, sentir su cuerpo, su vida que se me escurría entre las piernas, entregarme en cada movimiento.  Al compás de la música escuchaba algunas palabras que salían de su boca, creí que tarareaba la canción, sin embargo, como el último rezo de un muerto me decía: No quiero que se termine, no quiero que me abandones.

Lo solté y corrí hacia su recámara, me encerré y no salí hasta el día siguiente.

La madrugada de un domingo suele ser gris, vieja y triste. Mis madrugadas eran como las de una gata herida, buscaba en sus cajones las cartas que le había dado, quería romperlas y tragármelas antes de que él lo hiciera, quería detener el reloj y que esa noche fuera eterna, él afuera esperándome, y yo adentro buscando una tregua para salir pero ambos encerrados, solos,  hinchados y locos.

Cuando las sombras de los muebles se dibujaron en la pared, con la raquítica luz de los faroles que iluminaban la noche, decidí salir. Como una pantera perturbada ahí estaba él, viejo y cansado escurrido en la silla de su comedor. Desde donde estaba podía ver su espalda y su cabeza descansando sobre su hombro derecho, me acerqué y le tomé la mano, se sobresaltó y entreabrió los ojos. Con la voluntad de un muerto me dijo: no te escondas más, ya puedes marcharte, no te pediré un beso ni tampoco que te quedes. Permanecí a su lado y la luz del día otra vez.

¿Me regalarás el cuento?, sí, tómalo es tuyo. En ese cuento ni yo muero ni tu envejeces, puedes estar contenta, ya eres inmortal, ya te escribí.

Besé tus manos, tu cuello, tus mejillas, tu frente, tus ojos, tu nariz pero nunca tu boca, tu boca era sabia y huía de mi saliva joven y soberbia.

Tus manos como si fueran las de un ciego, tocaron mi rostro aprehendiendo cada rasgo.

Es tarde, se hizo de día. Caminé hacia la puerta y me fui. Miré hacia arriba y vi como los aviones volaban. A la madrugada siguiente, una vez más bailábamos en medio de su cama.

 

May 23

Viviendo la naúsea

Volaris

 

A Santacruz por encontrarme (nuevamente)

Después de varios días de borrachera decidí levantarme de la cama. Qué diferente se ve el mundo, sobrio desde el rincón. Despreciable para mi gusto. Lleno de monotonía y ociosidad.

En cambio el bálsamo del licor es más sutil, menos brusco, pausado y en tiempos vertiginoso: los colores palpitan, el corazón siente dicha y la sangre se calienta al punto de bullir y llevarnos a senderos insospechados.

Qué bien me la pasé en aquella fiesta. Aún no he tomado el aberrante camino de la conciencia, quiero disfrutar un poco más esta resaca que cede los últimos estragos del alcohol. Pronto llegarán como sombras los recuerdo de lo que hice y dije, después esas sombras irán tomando formas con los reclamos de la gente a la que insulté y la puta “reputación” me irá persiguiendo hasta que llegue al punto en que tenga que decir ¡No más!

Siento escalofríos de tan solo pensarlo, ese no más sería la tumba de mi confortabilidad, me gusta beber y sumergirme una y otra vez en los brazos sombríos (bien lo sé) de la fiesta y la bohemia, ahí he pasado los mejores momentos de mi vida.

Tendré que empezar a recordar, me meto a bañar y encuentro un moretón en mi pecho, pienso de qué manera pude habérmelo hecho. Sigo pensando y recuerdo cuando todos llegamos a la casa de Ernestina, los de siempre:

Benito con su inseparable guitarra y acompañado de su honorable amante, que a sabiendas de todos, sigue presentándola como su gran amiga Lolita, una señora más vieja y fea que su esposa, —a propósito es esto, siempre me he preguntado porqué los hombres hacen eso, pocos son los que cambian a la esposa por una mejor—, después llega el joven poeta Eleazar, su facha es la clásica de un seudo intelectual: carísimos lentes de pasta que apenas si le hacen falta pero que decidió adquirir para verse interesante y responder cuando le pregunten ¿por qué tan joven y ya con lentes? —porque tengo vista cansada de tanto leer—, lleva camisetas de a cuerdo a la ocasión: a veces negra para sentirse gótico y oscuro, otras veces de manta con la intención de lucir costumbrista (para que la gente piense al verlo que lucha por los derechos indígenas), sus botas 7 leguas  de años y no por falta de dinero sino por que ha esperado años para que se aviejen y poder darles el toque comunista... por último su pantalón de mezclilla roto adrede.

Siempre me ha parecido falso el joven Eleazar pero me divierte y a Ernestina también, por eso lo invita.

Juan Carlos es el que llega más temprano, sólo fuma y no toma desde que se le reveló en un sueño que moriría por una congestión y como se cree Shamán no hay poder humano que lo haga tomarse una copa y decir “saludcita” , qué desperdicio de vida. Siempre que lo veo trato de imaginar lo aburrida que ha de ser su existencia, tan sólo en las fiestas es apodado “la roca”, se aplasta en el sofá y no canta, ni hace el ridículo, ni platica; como dice el buen Benito esa gente también hace falta.

Esos son mis compañeros de parranda. Siempre le caen con la tina y conmigo, ya saben que es de cada jueves hasta morir, los demás son gorrones que se pegan, invitados de cada quien y uno que otro chamaco de universidad que quiere entrarle al desmadre.

No me gusta que vayan porque se alocan y ni nos dejan disfrutar, se emborrachan a la tercera ronda y hablan de las pendejadas acostumbradas, piensan que deben lucirse con los veteranos para ser aceptados, ni se imaginan que lo último que nos importa es Parménides y San Agustín.

En algunas ocasiones me gusta llegar al final, porque así el ambiente ya está mejor y me evito las conversaciones aburridas de ¿cómo estás?, ¿qué dice la familia?, me chocan esos formulismos, mejor me aparezco cuando está lo bueno y todos están tomando aunque de cualquier forma siempre llego pedísima.

En fin, ya basta con los invitados de la fiesta de Tina, no logro recordar cómo me hice el moretón en el pecho.

Termino de bañarme, se me antoja una cerveza pero prefiero un vodka, éste a cualquier hora del día cae fresquito y me empieza a poner a tono para el resto del día.

Me siento frente a la ventana, me quito la bata de baño, me gusta estar desnuda; abro las cortinas a propósito para que me vean las viejitas de enfrente, cuando me miran se les nota la lujuria. Desde que llegué a vivir a este lugar las he visto enlutadas y cuchicheando sobre mí, nunca me han contestado el saludo. He pensado que es porque siempre huelo a brandi o me ven entrar con hombres diferentes cada viernes, lo peor para ellas es que por lo regular son más chicos que yo. Mis ancianas vecinas son mis vigilantes y mi mayor diversión. Justo ahora entreabren las persianas para que no me dé cuenta de que me están espiando, levanto mi copa de vodka y les grito “salud”, pronto se van, pero por si aún están me manoseo los senos y después levanto mi dedo medio para que se persignen con provecho. Pobres mujeres, no se dan cuenta que con un buen trago su vida se alegraría…

¡En la madre!, ya son las 12:00 del día y no he quitado el trapo que cubre la jaula de mi periquito australiano, me dirijo a la cocina donde duerme. Me siento miserable, chifla y chifla para que lo auxilie, así se la pasó dos días el pobrecito. Le quito la manta que lo cubre y me ve con felicidad, brinca de un palito a otro, mueve su cabeza y hasta se mece en el columpio donde duerme, sabe que eso me hace reír. Le pongo alpiste y agua, bebe como si hubiese estado en el desierto, le pido perdón. Debo decir que es el único ser al que amo, se llama Periquito Azul, mi abuela me lo regaló… tengo ganas de llorar, lloro por haberlo abandonado y que sea tan noble para no molestarse conmigo, sino todo lo contrario, sentir consuelo al verme.

Esto merece un beso, lo tomo y aletea un poco, después cierra su pico para que lo bese, lo pongo fuera de la jaula para que practique su vuelo en el departamento, se asusta y rodea los barrotes, como buscando la entrada pero luego su instinto lo llama y vuela como puede, por fin alcanza altura y se golpea en el techo, luego aterriza en el cortinero y de ahí no se mueve hasta que le acerco la jaula, por voluntad propia entra y chifla dándome a entender que está feliz con su vida cómoda y sin libertad. Me entristece que no aprenda a volar porque tengo planeado dejarlo ir, que sea libre; pero es muy torpe y me quiere tanto que prefiere quedarse en su jaula. Aunque ya le di de comer lo noto triste, creo que ya le hace falta una novia, una pajarita azul igual que él.

Suena el timbre, me asomo: es Tina. Me alegro de verla, quiero que me cuente todo lo de la fiesta del sábado, según andaban diciendo se acostó con el joven Eleazar. Le aviento la llave, me extraña que no me diga floja o algo por el estilo, pues siempre le ha molestado que no le baje a abrir, no hago caso y escucho como va subiendo las escaleras.

Entra y le ofrezco un vaso con agua, se ofende y me dice que quiere lo mismo que yo estoy tomando, le pregunto porqué no fue a dar clases hoy, me contesta que estaba cruda, desvelada y con la moral hasta abajo. Suelto la carcajada, se enoja y me dice que es en serio, guardo la compostura y hago un gesto de curiosidad, la escucho solemnemente. Pronto mi única y gran amiga Ernestina Landa Ventura, se cubre el rostro con la mano y empieza a llorar. En menos de cinco minutos, vi deshacerse ante mi a la mujer más cabrona y fuerte que conocía, me senté junto a ella y la abracé, la sentí indefensa, necesitada de que alguien la escuchara. Presentí que ese sería el último día en que Tina y yo estaríamos juntas tomando un vodka y cuando ella prendió su cigarro confirmé que nuestra amistad había llegado a su fin. Casi podía adivinar lo que Tina me confesaría. Se levantó del sillón y sobre la ventana, le dio una bocanada a su cigarro y me dijo:

—Hay momento en la vida en que uno debe de tomar decisiones fuertes, ¿no crees, Violeta?... Me serví otro vodka y no contesté, me empezaban a dar asco sus palabras, ella continuó: … por ejemplo tú y yo, que somos alcohólicas aunque sea duro decirlo, eso somos, unas patéticas treintonas, solteronas y putas borrachas. En la última fiesta me di cuenta cuando todos se fueron y tú te quedaste inconsciente y tirada entre tu vómito, la porquería que he hecho de mi vida, esa noche me acosté con el chamaco del Eleazar, es el peor error que he cometido y por el que me encuentro aquí en tu casa, llorando y diciéndote que he jurado cambiar lo que quede de mi vida. Siempre nos burlamos de las chavitas que decían que encontrarían su felicidad  en tener una familia unida y feliz, en tener a sus hijitos y un esposo que las amara, tú me enseñaste a despreciarlas, a pensar que esas son las perdedoras, las que no saben vivir, las que no trascienden. Ahora creo que en el fondo yo también soñaba con eso pero mi vida se resumió a parrandas y sexo con todo mamarracho dizque intelectual que se me puisiera enfrente. No debería decirte este estúpido discurso de qué es lo bueno y lo malo, pero vengo a despedirme. No quiero que vayas más a mi casa ni que me llames para tus fiestas, ojala tú también entiendas que no es esta la mejor forma de vivir, porque el tiempo pasa, nos estamos haciendo viejas y estamos solas, no quiero que mis días sigan llenos de mierda y alcohol. Te deseo lo mejor y ya me voy a dar mis clases porque se me hace tarde. Apagó su cigarro y se marchó.

Respiré profundo. Quería llorar pero no lo hice, empezó a apoderarse de mi un sentimiento de culpa, ¿qué había salido tan mal?, todo para mí habían sido risas y gozo, precisamente porque quería a Tina la había llevado al mismo camino que yo había elegido, no discernía aún todas sus palabras, su enojo, sólo me sentía herida y confundida. Preferí no profundizar, ni siquiera pensar en el asunto, era mucho el camino recorrido como para retroceder, bien decían que las personas deben buscar su felicidad de la mejor forma y para mí ésta era, ser libre de mi conciencia, ella era la que obstruía el verdadero sabor de la existencia humana ¿qué tenía de malo beber, cantar, divertirse y tener sexo cada que hubiera oportunidad?, para mí la respuesta era clara: nada, nada tenía de malo ser feliz. Me serví un tequila, pues la noticia de que la Tina se cortaba lo ameritaba, me vestí y me fui a trabajar.

El estupor de lo cotidiano me arruinaba, era mi vida de una linealidad insoportable, ya no encontraba placer en el pecado, era una fórmula que había explotado desde hace años y que ahora me aseguraba no ser suficiente para mí.

Ese día decidí atacar al destino, derrotarlo. Fui a la universidad y renuncié. Tenía 20 horas a la semana, me pagaban por no hacer nada, dizque enseñaba pero siempre andaba cruda y no llegaba a mis clases, alguno que otro día me aparecía y les dejaba leer a mis estudiantes una bola de autores que poco me importaba si les entendían, a mí lo único que me interesaba era mi chequecito quincenal. Pero la maldita Tina, con sus palabras, me había dejado una semilla de moral que no quería aceptar pero que hacía mucho ruido en mi interior, por eso renuncié. El director me dio mi último cheque y me largué. Las miradas de licenciadas, maestras y doctoras eran acusadoras, susurraron cuando pasé por última vez por ese horrible pasillo con olor a libros viejos y gente añejada. Nadie se despidió de mí, la verdad que no me hacía falta, me evitaron la pena de decir: hasta luego doctora, hasta luego maestra. Pura gente que tiene su grado de estudios tatuado en la frente, nunca entendí porqué les hacía sentir mejor que las llamara por su grado que por su nombre, de cualquier forma yo  sólo me sabía sus apodos así que soporté sus miradas y al llegar a la puerta principal de la honorable universidad, les menté la madre. La carcajada inmediata me salió del alma. Así se hace, Violetita, retar al destino, no dejar ningún laso, apagar cualquier esperanza de recuperar el camino derecho. Yo era un árbol torcido y me gustaba serlo. Esa tarde, fue esplendorosa, azul, llena de satisfacción. Simplemente era una mujer de treinta y tres años, desempleada, soltera, con poco dinero, caminando por las calles del centro de una ciudad fea y con una sonrisa que no se me quitaba de los labios. Me urgía gastarme el dinero en alcohol, pero no quería dejar fuera algunas otras cosas secundarias que también me hacían falta. Fui a una tienda de mascotas y encontré justo lo que necesitaba: una pajarita azul. Mi periquito también tenía que empezar a hacer su vida, era tiempo de que estuviera menos solo. La compré y el vendedor la puso en una bolsa de papel agujerada para que pudiera respirar. La pajarita y yo emprendimos el camino hacia un puesto que decía “Vinos y licores Los panchos”, compré una botella de vodka, otra de whisky y dos de tequila, esta noche iba a haber fiesta y sería en mi casa, yo tenía que festejar la reafirmación de mi decadencia.

Llegué a un departamento, me puse una bata y mis chanclas, todavía había cervezas en la hielera, desconecté el teléfono, el timbre y prendí el etéreo. Fui a ver al periquito azul, como siempre, empezó a chiflar, saqué a la pajarita de la bolsa y la sujeté para que no escapara, antes de meterla a la jaula, le advertí que no hiciera sufrir a mi periquito porque sino literalmente la mandaba a volar, esa afirmación tan textual me dio gracia, ¡sí que volaría ja ja ja! La solté para que empezara a coquetear con mi periquito azul pero la maldita lo picoteó, el me veía angustiado pero ni modo, tenía que aprender el difícil arte de la convivencia con el sexo opuesto, me hubiera gustado darles tantito champagne en lugar de agua para que entraran en confianza pero era demasiado, eran animales y pronto les entraría la necesidad de quererse. Me acosté en el diván que estaba junto al estéreo y frente a los ventanales, abrí las cortinas para saludar a las viejitas, seguramente me estarían espiando, pensé, especulando que me habían corrido del trabajo porque a esas horas nunca andaba por ahí.

Efectivamente, ahí estaban las dos ancianas encorvadas, mirándome, juzgándome, con sus arrugadas caras llenas de coraje, de curiosidad malsana, así que esta vez me quité la bata, les enseñé las nalgas y les cerré el ojo. Cómo me hacían reír esas viejitas igual de decrépitas que yo… abrieron con trabajo su ventana, oxidada por la falta de uso, y me gritaron: ¡Borracha pervertida, te vas a quemar viva en el infierno! Nada podía haber sido mejor que sus ofensas, era el día perfecto. Cerré las cortinas, me volví a poner mi bata y puse play al estéreo, mi canción favorita empezaba a sonar: “…Ya no puedo darte el corazón iré a donde quieran mis botas… si has venido a comprarme ¡lárgate!... si vas a venir conmigo agárrateeee …”

Esa era mi canción, con ella había tenido mis más memorables borracheras, era mi apuesta a lo que nadie quiere, o todo o nada y aunque sabía que desde hace mucho tiempo ya había perdido todo, ¿qué importaba? La canción seguía, llega su final: “… sé que ya nada va a ocurrir pero ahora estoy contra las cuerdas y no veo ni una forma de salir pero voy a apostar fuerte mientras pueda… late el corazón, late el corazón…” Abrí la botella de tequila, el sabor ya no era el mismo, las circunstancias de fiesta me daban igual, mi vista empezaba a tomar ese rumbo ligero, mi mente bailaba al compás de mis tragos, quise levantarme pero no pude, mi mano la sentina inconsciente y las risas internas no paraban. Escucho a lo lejos el aleteo de mi periquito.

Miro la puerta de la jaula abierta, la pajarita sale, se posa en la ventana de la cocina que también está abierta, un movimiento más y se va, ella no me preocupa, si quiere largarse que sea libre, mi amado periquita la sigue, voy por él, trato de que me mire, no quiero que se vaya, él no. Apenas  si puedo chiflarle, la maldita pájara se asusta y vuela, el periquito la sigue, vuelan juntos y se pierden entre los edificios. Se me va inmediatamente la esperanza de que regrese. Me hundo en el diván y mi copa se cae. Mi mente se pierde cada vez más y sólo deseo que la música sea eterna.    

 

May 19

¿Para qué poetas en tiempos de miseria?

UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO
(Fragmento)


   Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín
Donde todos los corazones se abrían, donde corrían
Todos los vinos.

   Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. -Y
La encontré amarga.- Y la injurié.
   Tomé las armas contra la justicia.
   Huí. ¡Oh brujas, oh miserias, oh rencor a vosotros
Fue confiado mi tesoro!

    Logré que se desvaneciera de mi espíritu toda
esperanza humana. Salté sobre toda alegría, para
estrangularla, con el silencioso salto de la bestia feroz.
   Llamé a los verdugos para morder, al morir, la
Culata de sus fusiles. Llamé a las plagas para ahogarme
Con arena, con sangre. La desgracia fue mi dios.
Me revolqué en el fango. Me sequé con el aire del
crimen. Y jugué unas cuantas veces a la demencia.
   Y la primavera me trajo la horrible risa del idiota.

   Pero, hallándome recientemente a punto de lanzar
el último gallo, se me ocurrió buscar la llave del
Antiguo festín, donde quizá recuperara el apetito.
   La caridad es esa llave. -¡Esta inspiración demuestra
Que he soñado!
   "Seguirás siendo hiena, etc....", exclama el
demonio que me coronó con tan amables amapolas.
"Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoismo,
y todos los pecados capitales."

   Ah, demasiado harto estoy de eso: -Pero, querido
Satán, te conjuro: ¡una pupila menos irritada!
Y, en espera de algunas pequeñas infamias que se
Demoran, para ti que prefieres en el escritor la ausencia
De facultades descriptivas o instructivas, desprendo
Estas horrendas hojas de mi cuaderno de condenado.
April 06

Tanto vagar para no conservar nunca NADA

No solloces, Silencio

que no nos sientan.

Espera

Federico García Lorca

 

 

Mirar el cielo y encontrar en él todas las respuestas. Una canción estancada y el humo de un cigarro no fumado. Mirar a tu alrededor la locura de los objetos que te contienen, tratar de mirar atrás y reconocer todo el dolor que has provocado. La luna de vez en cuando sale y las certezas parecen esparcirse como polvo mágico sobre tu cabeza ¿qué decir? Guardas silencio y en tus labios quedan presas las maldiciones, los aullidos, tus oídos pagan todo lo que tu ser ha producido. Piensas en idas fugaces y en el acto experimentas la nostalgia —dejar todo por todo—. Intentas gritar y no atraer a nadie con tus quejidos, en lo más profundo del pozo escuchas los gritos de sesenta mil personas, el frío de la madrugada a cuatro héroes que sólo en tu mente te salvan… miras el reloj y con tristeza sabes que todo aquello terminó, sabes que fueron tus últimos alaridos de completa felicidad.

Suena el teléfono y tiemblas, el daño está hecho y no eres capaz de perdonar (te) escuchas los rumores “por ahí dicen que eres una calamidad…” te aferras a la mirada del hombre que te trajo al mundo, sabes que él te ama, él no te falla.

Que no mereces la piedad de tus semejantes, que sólo provocan dolor tus 48 kilos, tus dos ojos, tu nariz y tu boca, que la sonrisa se te pudrirá y que cada día lamentarás ser tú… el disco gira y te crees fuerte. Renuncias a todo lo que creías tuyo y la inercia te hace caminar, las quimeras han sido usadas en tu contra y tu sólo nombre hiere a quienes maldicen haberte conocido.

Tú sabes secretos que viven dentro de ti, tu sabes que tu maldad castiga tanto como una gota de miel, tu sabes que el dolor es generoso y también sabes que la humanidad es basta y te pierdes entre los millones de seres que no conoces.

Alguien te formula una pregunta, tú ingenuamente buscas a que alguien te diga la respuesta, buscas en tu mente: no la encuentras, buscas en tu corazón: no la encuentras, buscas en tus viseras y ahí está… sí, a pesar de todo te amas.

 

March 29

Cansada

Hay momentos en donde las palabras exactas ya fueron escritas ¿para qué escribir más? les dejo algo del poeta que más me ha acompañado Oliverio Girondo
 
CANSANCIO

Cansado
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

March 13

dulces y rock

La chica Tutti Bond

 

Hoy fue un día cansado. Fui quien me convenía ser. Miércoles 5 de marzo, el reloj despertador suena con la canción “Clandestino” de Manu Chao, las 6:30 de la mañana, mi cabeza parecía explotar, sólo habían transcurrido 4 horas de sueño, lo último que recordaba era la casa de Luis, la botella de vino que entre él Laura y yo nos tomamos y las risas a veces falsas, a veces ciertas. Todo quedó atrás y llegó el miércoles, hacía tiempo que no me levantaba tan temprano así que aproveché para poner la canción 6 del cd 2 del magnífico álbum “Tiempo de las cerezas”, disfruté la canción, los primeros sonidos del día; me sentí melancólica e inmediatamente después me planché el cabello, me maquillé, me puse mi hermoso pantalón blanco con brillitos en las bolsas, mi blusa blanca de tirantes, mis tacones y un poco de gloss en los labios, parada frente al espejo sentí que ya era suficiente y que no podía hacer nada más por mi, era la más linda de mi habitación y por lo tanto del mundo.

Me perdí en el camino, no supe exactamente a qué dirección llegar y ya iba retrasada 15 minutos, la cita era a las 9:00 a.m y por más que apresuraba mi paso, los estúpidos tacones no me dejaban ir más rápido, de pronto vi a lo lejos una carpa enorme y un anuncio de muchos colores que decía “Expo dulces Susy”, por fin había llegado.

Entré a la expo y busqué mi stand, era el 16 y se trataba de dulces de una marca que jamás había escuchado en mi vida llamada Tuttibond. Estaba un anciano desdentado de ojos verdes a quien le pregunté si era el Licenciado Quiroga, con un gruñido me contestó y dijo: —llegas media hora tarde—y un bla bla bla que no quise escuchar, le eché la culpa al tráfico y de pronto ya tenía una banda y una charolita con dulces para promocionar. Me paré frente al stand y rápidamente me di cuenta de que el panorama pintaba aburridísimo, no había gente, un mal animador, mala música y caras largas por todos lados.

El anciano me miró durante largo rato, después se acercó y me dijo ¿No iban a enviar a una rubia? no lo sé, contesté sintiendo el bochorno de mi melena negra y abundante.

Mi diálogo con las personas era sencillo: “¿Gusta probar la nueva y deliciosa Chocopita? ” me sentía estúpida y hueca pero pese a todo, la gente se detenía y algunos (muy pocos compraban la asquerosa chocopita).

Unas rubias con minifalda se daban vueltas para divertir a los caballeros, más que una inocente expo de dulces me sentí en un prostíbulo y pensar  en la analogía me divirtió.

Veía a las demás edecanes comiéndose los dulces, la de Ferrero no disimulaba y metía a su bolsa todos los chocolates que podía, mientras que la de M&M deshacía las lunetas en su boca no en su mano jajajajaja.

Apenas habían transcurrido 3 horas y yo sentía que no podría aguantar más los tacones, pero justo cuando pensaba en irme aunque no me pagaran, llegó la botarga de paleta payaso, a través de la rejilla por donde le entraba aire, pude ver una cara morena llena de sudor, me preguntó si era yo la misma que había estado en la expo de HSBC, le contesté que sí y me dijo que él ahí también había sido botarga pero que representaba a una tarjeta de débito lo cual me hizo burlarme de él inevitablemente y así empezó mi romance con la botarga, pronto empezamos a bailar y cuando fue la carrera de botargas él ganó y me dedicó su triunfo (me sentí honrada).

Después de la hora de la comida la botarga de paleta payaso y mi única diversión ya no estaba y una vez más tuve que aguantar al anciano avaro que me decía insistentemente, no regales demasiadas chocopitas porque me voy a la ruina… pronto la tarde cedió al tiempo, un par de mensajes y Él nunca llamó.

Salí de la expo, me puse mis tenis, prendí un cigarro y el polvo que alzaba un ventarrón me envolvió. Tenía ganas de llorar, de gritarle al cielo, de abofetearme por querer huir de mis abismos con sonrisas falsas y pagadas, jugar a ser la guapa cuando por dentro estaba destrozada… como tregua comenzó a sonar en mi mente una tonadita ¿dónde estás?, ¿cuándo vas a despertar del sueño de tu libertad? sí, me imaginaba en ese cuarto blanco a Jaime Urrutia, Bunbury, Calamaro y Loquillo cantándome, sonriéndome convidándome de un poco de paz. Me dejé llevar por mi fantasía roquera y fue así como llegué a mi casa y empecé a escribir estas líneas.

 

 

 

 

March 03

Café con aroma de mujer

Debo admitirlo, fui soy y seré fan de "Café con aroma de mujer" en una muy ameritada noche de copas y humo, les paso el video.

 
 
 
 
Yo simple andariega 
pasaba noches contando estrellas 
sin más problemas, que si la lluvia 
sin más problemas, que salió el sol 

Tú príncipe errante 
que como un mago me cautivaste 
sacaste un as de corazones 
y le jugaste sucio al amor 

Tú y yo, 
que perversa manera de amar 
que recuerdos quedaron atrás 
fué tu amor una estrella fugaz 
la andariega dejó de soñar 
con el fruto prohibido y mortal 

Hoy que mi vida ha cambiado 
un mal día yo te vuelvo a encontrar 
y que ganas de abrazarte y volverte a besar 

Yo fugitiva en la ciudad 
prisionera de estas ansias de amar 
y e
Yo simple andariega 
pasaba noches contando estrellas 
sin más problemas, que si la lluvia 
sin más problemas, que salió el sol 

Tú príncipe errante 
que como un mago me cautivaste 
sacaste un as de corazones 
y le jugaste sucio al amor 

Tú y yo, 
que perversa manera de amar 
que recuerdos quedaron atrás 
fué tu amor una estrella fugaz 
la andariega dejó de soñar 
con el fruto prohibido y mortal (bis) 

Hoy que mi vida ha cambiado 
un mal día yo te vuelvo a encontrar 
y que ganas de abrazarte y volverte a besar 

Yo fugitiva en la ciudad 
prisionera de estas ansias de amar 
y el asfalto que me quema, que me quema al mirar
l asfalto que me quema, que me quema al mirar
December 19

Durante una clase acerca de Borges...

 
 
 

7:00 de la mañana, abrir los ojos tener esa angustia de imaginar que estoy en otro lado que no sea mi cama, voltear a mirar mis cosas, dudar si aún me pertenecen, reconocer mis manos, mi olor.  Me doy prisa empiezo por quitarme la ropa meterme a la regadera y dejar que el agua escurra. No quiero letras, ni imágenes, ni diálogos, ni miradas.

Llego a la Universidad y está llena de palabrería, los maestros gozan de ver senos y nalgas y de vez un cuando soltar un bla bla bla con tono interesante y aire erudito. Ahí están sumidos en un escritorio y yo clavada en una banca escuchando, esperando, recordando una tonadita que no suelto desde hace tiempo… trato de recordar la letra In starlit nights I saw you…So cruelly you kissed me mmm quisiera hacer el amor escuchando esa canción…your lips a magic world, your sky all hung with jewels, the killing moon. Will come too soon… Mientras tanto el maestro ¿o debo escribir doctor, o licenciado, o profesor? ya habló de filosofía, Borges,  historia, biología, poesía, religión, justicia, amor, guerra, sabiduría, erotismo, quizá de matemáticas y terminando la hora de clase su vida, mi vida, siguen igual. Al final se acerca a mi lugar y a modo de sentencia dice: la belleza está en lo común.  Yo todavía puedo ver la belleza en lo extraordinario, respondí.

  

 

October 17

Gioconda Belli

¿Qué sos Nicaragua?

¿Qué sos
sino un triangulito de tierra
perdido en la mitad del mundo?

¿Qué sos
sino un vuelo de pájaros
guardabarrancos
cenzontles
colibríes?

¿Qué sos
sino un ruido de ríos
llevándose las piedras pulidas y brillantes
dejando pisadas de agua por los montes?

¿Qué sos
sino pechos de mujer hechos de tierra,
lisos, puntudos y amenazantes?

¿Qué sos
sino cantar de hojas en árboles gigantes
verdes, enmarañados y llenos de palomas?

¿Qué sos?
sino dolor y polvo y gritos en la tarde,
-"gritos de mujeres, como de parto"-?

¿Qué sos
sino puño crispado y bala en boca?

¿Qué sos, Nicaragua
para dolerme tanto?
October 03

La chispa adecuada

 

 

Antes, años atrás, el pasado, ayer, la nostalgia, los recuerdos amarillos. Los escucho con los mismo oídos de cuando tenía 13 años, pero ahora los escucho diferente. La percepción que dan los años, las experiencias que viví sin ellos, la vida que corrió delante de mi y dentro de mi, las malas pasiones, el odio, las certezas, la desilusión, las caras viejas y las nuevas, el confort lastimoso, el duelo, el dinero propio, creer que el mundo es real… todo eso y más.

Creía en los amigos y en la revolución, veía España muy lejana y a Puebla eterna. Fue el hombre “x” quien me dijo que jugáramos a deshacer el mundo, cerré los ojos y me dejé guiar, cuando los abrí la ciudad era menos luminosa y mis rodillas tocaban el suelo: me levanté. Los bares de mala muerte, la rocola vomitando canciones y la avalancha no paraba de sonar.

Hace un tiempo decidí bloquear los malos recuerdos, pero ahora que regresa el pasado también ellos salen. ¿Cómo olvidar la vida? Fue el hombre “x” quien me regaló el primer casete de los héroes, el mismo casete que ponía en mis walkman y salía a caminar por la ciudad buscándolo, desesperada, entupidamente enamorada… el hombre “x” desapareció, no volvió a llamar, ni a tocar mi puerta, ni a mandar cartas, ni a molestar. La gran tragedia de mi adolescencia se cumplió: el primer hombre del que me enamoré se evaporó. Los héroes no descansaban, noche y día los escuchaba, mi hermana y yo en lugar de ir a la preparatoria  nos emborrachábamos en casa de su amiga Karina, y repetíamos durante horas la misma canción: apuesta por el rock and roll. Nos prometíamos siempre ser  libres y no volver a enamorarnos, ser independientes y que ella le apostaría a su piano y yo a las letras. En aquel entonces Enrique Bunbury sólo era voz escondida tras las bocinas o los audífonos, era palabras que dolían porque el hombre “x” siempre las repetía. Después tomó forma, después fue flamingos, fue calamaro, fue Rafael, fue Nacho Vegas. Yo olvidé al hombre “x”, olvidé las borracheras en casa de Karina, olvidé la despreocupación de la preparatoria, olvidé la libertad de las letras, olvidé a mi amigo Peluso que en las malas y peores estaba conmigo… Hace unos meses me llegó un paquete a la universidad, la secretaria me llamó y me lo entregó, sólo dijo que una chava “gordita” lo llevó, que me buscó pero como no pudo encontrarme decidió dejarlo en la dirección. Abrí el paquete, encontré una libreta forrada de cuero, y en otro sobre una carta larga, larga cuando la leí sentí que el tiempo me alcanzaba y me encaraba, lo que intenté tan afanosamente olvidar estaba frente a mis ojos: el hombre “x” después de 8 años regresaba, me pedía perdón, decía que me amaba y que no podía olvidarme. En la última hoja me trascribió la canción En brazos de la fiebre de los héroes del silencio. Sin duda alguna me quedé con la libreta (muy bonita por cierto) en ella le escribo muchas cartas al Sr. Carmona y algunos cuentos que se me ocurren. La carta y las fotos que también me envió, sin duda alguna también, las rompí y las tiré. Del hombre “x” solo me quedaron sus mil faltas de ortografía y el recuerdo de la Princesa que fui.

Es bueno reconocer el pasado, porque tarde o temprano vuelve, ahora los héroes del silencio se juntan y después de que ellos rodaron y rodaron —al igual que yo y al igual que todos los que estamos vivos—  nos volvemos a encontrar. El jueves mi hermana Ilución y yo estaremos apostando por el rock and roll en el foro sol, ella a unos meses de casarse y yo a un mes de volar muchos kilómetros para poder ver al Sr. Carmona.

 

Mientras tanto seguiré escuchando la banda sonora de mi propia vida.

 

 

 

 

September 30

rock star

A todas las personas que a lo largo de este cuatrimestre se han dedicado a hablar mal de mi o a informarme que "x" o "y" dicen esto o aquello sólo tengo algo que decirles: GRACIAS INFINITAS, cada día me hacen sentir como una estrella de rock.
 
No creí tan peligroso ser una PrInCeSa.
 
 
 
 
 
September 14

Bunbury como nunca antes!!

JAJAJAJAJAJAAJAJA...como buena fan de Enrique encontré esto y después de reírme media hora decidí ponerlo. Ríanse un poco